Vestido con uniforme de preso color naranja mientras por el cuello se le veía el rastro de una camisa blanca Pablo José Casellas Toro llegó esta mañana esposado de manos y pies para escuchar la sentencia que el juez José Ramírez Lluch dictaría en su contra.
No quería estar presente en esa fría sala 706 del Tribunal de Bayamón. Renunció a su derecho. No quería que nadie lo viera y que las cámaras de televisión se quedaran sin su presencia.
Pero el juez Ramírez Lluch dijo que no a su renuncia.
Entonces entró.